Ecos del 8M en Cajeme

por Fernanda Olguín

Después de cada marcha o de cada evento, me gusta plasmar mi sentir respecto a lo vivido ese día. Definitivamente un año no se parece a otro.

Quienes han vivido la experiencia de marchar no me dejarán mentir: se siente una energía muy potente que incluso tardas días en sacar del cuerpo. Adrenalina pura, emociones dicotómicas: alegría y euforia por la sororidad; ira por las injusticias; tristeza y ganas de llorar por quienes nos han arrebatado la vida.

Quien decide asistir a una marcha lo hace porque ha vivido, directa o indirectamente, algún tipo de violencia; recordemos que no solo son ojos morados o asesinatos: hay violencia económica, patrimonial, simbólica e institucional. Hubo quienes acompañaron a su amiga agredida, y quienes denunciaron abiertamente a instituciones que no garantizan la seguridad de sus estudiantes.

Mientras escribo estas líneas aún siento ese efecto postmarcha. Veo la cobertura en los medios, las redes y los comentarios… sinceramente me dan ganas de llorar. Al analizar mis emociones, puedo decir que es una gama muy interesante de sensaciones.

Vi a alumnas y exalumnas marchando, vi también a amigas, conocidas y a muchas mujeres de mi ciudad alzando la voz: maternidades con sus infancias, mujeres de edad madura. Pero también vi en las pintas nombres familiares de agresores; a veces uno se niega a creer que el conocido de alguien puede ser el agresor de otra persona. Eso duele en lo más profundo.

Vi periodistas comprometidas con su profesión acompañándonos y cubriendo con perspectiva, y vi también a reporteros que van por likes, estrellas y follows, por puro morbo tal vez.

Pude contemplar tristeza, rabia y esperanza en los ojos de tantas mujeres que, al igual que yo, se manifiestan; inocencia en los ojos de las niñas.

Tal vez no cambiemos todo a corto plazo, como dicen muchos, pero algo tengo claro: dentro de nuestros hogares y en nuestro entorno tratamos de actuar acorde a nuestros valores, y marchar es una forma de expresión.

Cada año aparecen los mismos comentarios: VÁNDALAS, VULGARES, FEMINAZIS, MAL COGIDAS, ALBOROTADORAS… y me quedo corta, porque una estatua emblemática o una pintura en la acera parecen importar más que hombres dañando e instituciones haciéndose de la vista gorda.

Un día para marchar, gritar a todo pulmón, pintar carteles, quemar simbólicamente en una hoguera lo que representó la agresión. 364 días para, con nuestras acciones, seguir poniendo un granito de arena.

Cajeme será feminista y, como cada año, puedo decir: fuimos todas.


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Un comentario en “Ecos del 8M en Cajeme

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