Resultados del ejercicio: notas de cierre

por Fernanda Olguín

Estos últimos dos meses me he metido mucho en mi rol de estudiante. Para quien no me conoce, debo decirles que entre mis múltiples responsabilidades está el ser alumna de la licenciatura en Contaduría. Noviembre y diciembre me absorbieron tiempo y energía como pocas veces; mis materias, como nunca antes.

La libreta donde apunto pensamientos y posibles temas a abordar en este espacio se ha quedado llena de ideas, frases, reflexiones y temas que no me he dado el tiempo de sentarme a escribir. Ha sido un cierre de año caótico. Entre los temas que me hubiera gustado platicarles están el pretty privilege y la vuelta de la moda de la delgadez extrema, el heroin chic look que tanto daño nos hizo a quienes fuimos jóvenes en los noventa, el peligro inminente de que las nuevas generaciones caigan en comportamientos compulsivos gracias a estas tendencias y las violencias sistémicas que se siguen ejerciendo sobre el cuerpo y la estética.

Tengo una hija de 11 años, una edad particularmente vulnerable en torno a la imagen corporal y la apariencia. En definitiva, le tocó una época con más información y herramientas que las que tuvimos a finales del siglo pasado, pero no está exenta de dejarse llevar por la moda, como todas lo estamos.

Al cierre del ejercicio, levanto mi balance.

En el activo registro lo que sostuve: la palabra escrita —aunque a veces solo haya quedado en libretas—, los vínculos que no se depreciaron, las decisiones que generaron valor aun en contextos adversos. Hay activos intangibles que no cotizan, pero permanecen.

En el pasivo anoto las deudas acumuladas: conversaciones pendientes, tiempos mal administrados, temas pausados, expectativas ajenas asumidas como propias. También pesan las narrativas estéticas que regresan disfrazadas de tendencia y exigen una vigilancia constante para no volver a operar desde la culpa. No todo pasivo es fracaso; algunos solo indican procesos inconclusos.

El capital refleja lo que queda después de restar. Mi ética, mi voz, la capacidad de nombrar lo que incomoda. La decisión consciente de no romantizar ciertas violencias normalizadas y de mirarlas también desde la maternidad. Ese patrimonio no se transfiere ni se pierde con facilidad.

El resultado del ejercicio muestra utilidades discretas y pérdidas necesarias. Hubo gastos que dolieron, pero eran imprescindibles para seguir operando.

Cierro el periodo sin ajustes extraordinarios, con pendientes claros y la certeza de que lo no dicho no desaparece: se reprograma. El próximo ejercicio inicia con menos prisa y la intención firme de volver a la palabra, antes de que el silencio también se vuelva costumbre.


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