Por Mar Talamantes,
Vivimos en un tiempo en el que el cansancio se ha vuelto parte del día a día, como si fuera normal (incluso necesario) estar siempre agotadas. Muchas veces sentimos que no podemos parar porque siempre hay pendientes que resolver, responsabilidades que cumplir, nos exigimos como si siempre se esperara algo de nosotras, como si estar agotadas y ser responsables fueran sinónimo. Y sin embargo, por más que queramos vivir inmersas en esa productividad tóxica, e incluso romantizar el cansancio, nuestro cuerpo insiste en recordarnos que el descanso no es opcional, que hacer una pausa no es un lujo, es una necesidad básica.
El cansancio no llega para incomodarnos, por más que nos esforcemos en verlo como un enemigo o algo que superar, el cansancio es un mensaje sabio que llega para avisarnos que hemos llegado a un límite, que necesitamos detenernos y recuperar energía. Es el lenguaje con el que nuestro cuerpo nos pide cuidado. Descansar es también una forma de escucharnos, y de convertir una simple acción, como lo puede ser dormir una siesta, en una poderosa herramienta de autocuidado y resistencia ante un sistema que nos quiere agotadas y desconectadas.
Muchas veces nos han hecho sentir culpa por descansar. Como si dormir de más, no contestar un mensaje enseguida o tomarnos un día sin hacer nada fuera algo imperdonable. Nos han enseñado que parar es para flojas, que dormir mucho es desperdiciar el día, que descansar es un lujo que no todas podemos darnos. Pero, ¿y si en lugar de verlo como debilidad lo vemos como un acto de dignidad, de autocuidado radical?
El cansancio nos habla, aunque a veces no queramos escucharlo. Nos dice: “ya basta de correr, siéntate un momento, vuelve a mirar lo que tienes alrededor”.
Es como una alerta que nos devuelve al presente, que nos recuerda que no todo es producir o cumplir. Descansar no es vacío, al contrario, es lo que siembra nuevas oportunidades. Es como cuando la tierra descansa para poder florecer de nuevo; el cansancio también es fértil.
El autocuidado no es egoísmo, es una manera de mantenernos en equilibrio. Cuidarnos significa reconocer nuestras necesidades y darnos permiso de atenderlas. Y el descanso es una de las formas más importantes de cuidado, es lo que nos permite tener energía para seguir de pie.

El cansancio es un recordatorio amable de que necesitamos bajar el ritmo.
No es un enemigo, es una señal de que merecemos parar. Descansar es abrazarnos a nosotras mismas, es decir “mi salud importa”. Porque al final, la vida no se trata de cuánto hacemos, sino de cómo la habitamos. Y a veces, la medicina más valiosa que podemos encontrar es simplemente permitirnos descansar.
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