Hacer visible lo invisible: el trabajo doméstico no remunerado

Hace unos días, en una cuenta de Facebook llamada “Enfoque de igualdad Ac” publicaron un post donde se describía un listado de las actividades que se realizan en casa.

Si el trabajo doméstico —que en su mayoría es realizado por mujeres— se pagara, (entre la limpieza, lavar la ropa, planchar, cuidar a infantes y otros servicios) la cuenta total al mes rebasaría los 50 mil pesos, según dicha asociación civil.

Las reacciones no se hicieron esperar, sobre todo del género masculino (y uno que otro femenino), quienes decían que las mujeres sólo se hacen las víctimas y que es más difícil el trabajo fuera de casa, con frases como: “Están a gusto sin trabajar, de mantenidas, porque no quieren batallar en empleos cansados y mal pagados”; “Entonces yo valgo como 200 mil porque hago todo eso y más; además, no busco reconocimiento”… y así una larga lista de comentarios.

Aunque en algunos países los cuidados y quehaceres domésticos están repartidos de manera equilibrada, en América todavía prevalece un alto porcentaje de mujeres que cargan con estas actividades.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en un reporte que emitió el pasado julio, dice que persiste el nudo estructural de la división sexual del trabajo y la desigual organización social del cuidado.

Las mujeres dedican entre 22 y 42 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras que los hombres dedican entre 7 y 20 horas. Además, habría que agregar que muchas de ellas combinan un trabajo fuera de casa, ¿será que por eso están estresadas, cansadas o de mal humor?

Ellas dedican entre dos y tres veces más de tiempo al trabajo no remunerado que los hombres.

La encuesta de la CEPAL también indica que las mujeres dedican entre el 12% y el 24.2% de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, mientras que los hombres destinan entre el 3% y el 12.5% de su tiempo a esta actividad.

La CEPAL informó que ha habido avances hacia la Agenda 2030; sin embargo, las metas establecidas para alcanzar la igualdad de género son difíciles de lograr a este ritmo.

Así que no importa cuánto se justifiquen los hombres los datos no mienten, existe una desigualdad en el reparto del trabajo doméstico, lo que tiene como consecuencias mujeres agotadas, sin tiempo para ellas mismas, para estudiar o ejercer su carrera, para trabajar, descansar, o bien, para realizar algún pasatiempo.

No se trata de hacer un debate si el trabajo de casa es más difícil que otros; lo que se busca es equilibrar la balanza.

Y recuerden amigas, si tu pareja o esposo realiza alguna actividad doméstica no es ayuda, también es su responsabilidad.


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