por Fernanda Olguín
Fin de cursos de la Academia de Arte Sociedad Cultural de Sonora

Ahí estaba ella, interpretando a Aurora: moño impecable, tutú de plato (clásico), postura perfecta y una sonrisa natural, verdadera; a pesar de los nervios, de esos que incluso al bailarín más preparado le llegan justo antes de salir a darlo todo.
Tuve la oportunidad de asistir al cierre de ciclo de la Academia de Arte SCS y pude ser testigo de que, aun en tiempos de redes sociales y adelantos tecnológicos, el arte sigue siendo algo por lo que, como sociedad, debemos apostar.
En algún tiempo fui alumna de la academia (en los ahora lejanos noventa). Quedaba a una cuadra de mi casa y durante un año mi hermana y yo caminábamos dos o tres tardes a la semana para tomar clases de jazz. Quien me conoce sabe que lo mío no es la bailada, por eso creo que mi madre no volvió a inscribirme en otro curso.
En aquel entonces, la academia no contaba con la variedad que hoy ofrece. Fue una grata sorpresa recorrer disciplinas tan diversas: desde el ballet clásico, pasando por la danza contemporánea, hasta llegar a los ritmos urbanos. No me considero una autoridad para criticar danza, pero desde mi lugar de simple espectadora, fue un deleite disfrutar cada uno de los números: desde las pequeñas de iniciación y preballet, hasta las bailarinas más experimentadas de la escuela.
Sin duda alguna, detrás de cada alumno bailando una coreografía con vestuario impecable y moños perfectamente recogidos, se percibe el reflejo de muchas horas de clase, práctica, ensayos y esfuerzo. Es evidente la sinergia entre directivos, maestros y padres de familia, todos empujando en una misma dirección para hacer posible el evento, pero sobre todo, para inculcar en las nuevas generaciones el amor por el arte y sembrar en ellos la semilla de la disciplina, en esta realidad que les está tocando vivir.
Ahí estaba ella, interpretando a Aurora. Esa niña que conozco desde los cuatro años y que fue tan amiga de mi hijo mayor. Al verla, mi mente no podía dejar de recordar a esa pequeña delgadita, astuta como nadie, aguerrida y disciplinada, cumpliendo sus sueños con gran pasión y dando testimonio de que, sin duda alguna, como sociedad, apostar al arte siempre será lo mejor.
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