A puerta cerrada

Por Edith Noriega

La escena es la siguiente: un perro de raza pequeña ahuyenta a un gran oso que se coló al interior de un domicilio; la imagen del noticiario televisivo me dejó pensando que el oso entró fácilmente a la casa porque la puerta estaba abierta; el video expuesto en las noticias sigue la secuencia hasta las afueras de la casa por donde el animal de pelaje oscuro sale despavorido. No había cerco, muros o alguna construcción que impidiera el paso del animal, solo unos arbustos, lo que me llevó a la conclusión de que ese animal jamás hubiera podido entrar a mi casa o la de mis vecinos ya que todas tienen cerca, vallas o muros; y, como en esta colonia, la mayoría de los hogares de Ciudad Obregón tiene este tipo de fachadas.

Aunque no siempre fue así.

Recuerdo los relatos de mi mamá y algunas personas adultas mayores que cuentan que unos años atrás, quizá unos 40 o 50, era habitual que los pobladores de esta ciudad durmieran con las puertas abiertas de par en par; sin cercos ni nada por el estilo. Sin embargo, las nuevas generaciones hemos “normalizado” vivir en casas amuralladas monitoreadas por cámaras ; a no salir a la calle o parques en ciertas horas de la noche y evitar el paso por aceras oscuras; pero si lo pensamos, esto no es normal.

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI de 2025 mostró que el 63.2% de la población de 18 años y má,s considera inseguro vivir en su ciudad. Este porcentaje representa un aumento en comparación con el 59.4% registrado en el mismo periodo de 2024.

Y bajo la lupa de la perspectiva de género, la ENSU también revela que las mujeres tienden a percibir una mayor inseguridad que los hombres. Para colmo, Ciudad Obregón se encuentra dentro de las diez las ciudades donde se percibe mayor inseguridad.

La encuesta señala que los lugares que se perciben como inseguros son los cajeros automáticos en la vía pública y el transporte público. Además de estos, la lista se alarga para las mujeres; salir a correr o hacer ejercicio al aire libre, abordar taxis, Uber o incluso en su lugar de trabajo o la escuela.   

Es importante saber que la seguridad ciudadana es un derecho humano, no un privilegio, sustentado en el Artículo Tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”; es decir se nos debe garantizar el derecho a la seguridad ciudadana.

Ilustración de: Enfoque de Igualdad A.C.

Toda mujer y niña tiene derecho a vivir sin miedo:

• En la calle

• En su casa

• En la escuela

• En el transporte

• En internet

• En el trabajo

• En su comunidad

En México, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia es una legislación mexicana que busca prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia física, psicológica, patrimonial, económica y sexual, tanto en el ámbito público como privado.

Si realmente se cumpliera nuestro derecho a la seguridad ciudadana no tendríamos que preocuparnos por dejar la puerta abierta, a no ser que un oso, como el de las noticias, entrara y nos diera un buen susto.


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