¿se escribe por amor o vanidad?
por Fernanda Olguín
«Escribo porque tengo algo que decir, no porque quiera que me digan que soy una gran escritora.»
— Chimamanda Ngozi Adichie
Escritor, dícese de la persona que escribe, que crea obras escritas o impresas.
Siempre quise ser escritora. Si volteo atrás, los recuerdos me remontan a 1996: Bon Jovi de fondo y una Fer de 14 años garabateando pseudo poemas en la parte de atrás de los cuadernos de la escuela; alguna infatuación adolescente me llevaba a usar la escritura para sacar las emociones. Unos años más adelante, ya en prepa, leer al poeta y periodista Bartolomé Delgado de León me emocionaría de tal manera que sería un punto de inflexión. Leerlo me motivó a ver la carrera de comunicación como el camino a seguir para poder cumplir el sueño de escribir. Esa decisión me llevó a Guadalajara, donde estudié Comunicación a la par de trabajar en revistas y en el difunto Ocho Columnas de la UAG. Pero, ¿Qué era un escritor para mí en ese entonces? ¿Qué era lo que llamaba la atención?
A mis 14 años creía que un escritor era una persona inteligente e importante, cuya opinión tenía gran valor o peso en su entorno; alguien con mucho que decir, además de una pasión y sensibilidad capaces de generar cambios sociales con sus palabras. Veintiocho años después sigo pensando lo mismo, pero me pregunto si escribo por la misma razón que entonces.
Ok, sí. Pero entonces, ¿qué es ser un escritor?
Más allá de definiciones de diccionario o de algún otro texto, y con base en mi experiencia, puedo decir que distinguí y discerní muchas cosas. Primero, a los 14 tenía una visión muy romantizada del oficio. Al crecer e ir madurando, me fui dando cuenta de que puede haber muchos escritores, pero no todos escriben desde las entrañas, las vísceras y el corazón.
Punto número dos: no todo el que escribe lo hace para aportar algo y generar cambios sociales; hay quienes escriben solo por escribir.
Lo que nos lleva al tercer punto: hay quienes usan la escritura como un acto de ego y vanidad, una forma de idolatría personal, más centrada en el afán de ser reconocidos que en el deseo de aportar algo real. Cuando la pluma pasa de herramienta a espejo y el narcisismo literario aparece, es donde surge la disyuntiva: ¿en verdad soy escritor o escribidor?
Clarice Lispector decía que escribía como quien reza.
Yo… yo creo que escribo buscando respuestas, tratando de encontrarle sentido al sinsentido que a veces es vivir. Y, en ese intento, deseo que mi pluma y mis palabras aporten algo —aunque sea mínimo—, que provoquen un pequeño cambio en mi entorno. Tal vez.
y tu… ¿eres escritor o escribidor?
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